Economía Irracional.

THE ECONOMIST, April 5th-11th 2008
Irrational economics. Look and Feel

Resumen y traducción del artículo de la página 85

Fuente:http://blogs.abc.net.au/photos/uncategorized/2008/03/27/istock_000001869859small_3.jpg

Si la racionalidad reinara sobre la economía, los turistas gastarían su dinero extranjero basándose en el valor que este tiene en el país de donde vienen pero, muy frecuentemente los viajeros tratan al dinero extranjero como si fuese dinero del Monopoly. Si se toma en cuenta la poca familiaridad que las personas en esta situación tienen con la moneda del país que visitan, lo anterior no resulta sorprendente. Sin embargo, un estudio llevado acabo por la Universidad de Princeton, a cargo de los psicólogos Adam Alter y Daniel Oppenheimer, muestra que algo similar ocurre incluso con las monedas familiares, dependiendo de la forma que tengan. Particularmente, se demostró que el valor percibido de un dólar cambia según la forma que este adopte.

Para la primera parte del estudio se seleccionaron al azar 37 personas, a las cuáles se les pidió que estimaran cuántos objetos sencillos -clis, lápices, borradores- podían comprar un dólar normal o con una moneda de dólar con la imagen de Susan B. Anthony. La circulación de esta moneda es legal, pero fue producida únicamente entre 1979 y 1081, y una vez más en 1999, por lo que encontrarse con una de ellas es muy raro.

No fue sorprendente encontrar una diferencia en la valoración que los participantes hicieron del billete y la moneda, pero sí lo fue el hecho de que esta diferencia fuera tan amplia: las personas le otorgaron al billete el doble de valor que al metálico. Lo mismo ocurrió cuando se repitió el experimentó, pero ahora con tres billetes: dos de un dólar y uno de dos dólares. Tal como con la primera moneda, es muy raro encontrarse con billetes de dos dólares, aunque está permitida su circulación. Virtualmente, el segundo experimento arrojó los mismos resultados. Y hubo un tercero, en el que se mostró a los participantes dos billetes de un dólar: el primero común y el segundo ligeramente alterado, pues presentaba entre otras cosas la cabeza de George Washington mirando hacia el lado contrario. Los resultados fueron otra vez prácticamente los mismos. Al parecer, la gente valora la familiaridad.

A la familiaridad toma tiempo construirla. Por eso cuando recién se introdujo el euro, la especulación de precios se disparó, o al menos eso parecía. Los gobiernos deben vigilar cuidadosamente los precios de venta al público cuando se introduce una nueva serie de billetes o monedas. En el caso del dinero no es la familiaridad, sino su falta, lo que genera desprecio.

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