How the best of the best get better and better.

Síntesis y traducción del artículo escrito por Jones, Graham
Harvard Business Review, Junio 08

En el deporte como en los negocios, el principal obstáculo para alcanzar lo imposible reside en un estado de autolimitación mental. Claro que los deportes no son negocios, pero las semejanzas entre los dos mundos resultan sorprendentes. En ambos, los mejores no nacen, se hacen. Es verdad que un atleta de élite debe poseer ciertas características innatas como coordinación, flexibilidad física y ciertas capacidades anatómicas, tal como un ejecutivo exitoso debe tener talento para pensar estratégicamente y habilidades sociales que le permitan acercase a la gente. Sin embargo, la llave de la excelencia tanto en los deportes como en los negocios no radica en ser más ágil o en ser capaz de realizar operaciones matemáticas rápidamente: se trata de resistencia mental. Los mejores llegan a la cima como resultado de una cuidadosa planeación conformada por cientos de pequeñas metas a alcanzar. Y, ante todo, se toman el tiempo para celebrar sus triunfos.

Amor por la presión

No se puede llegar -ni permanecer- en la cúspide si uno no se siente cómodo en situaciones estresantes. Pero este es un gusto que se desarrolla. Para lograrlo, uno debe decidir volverse una apasionado de la superación personal. Uno no hace sacrificios, toma decisiones.

Manejar la presión se vuelve más sencillo cuando uno se enfoca en su propia excelencia. Los deportistas de alto nivel no se distraen por los éxitos o fracasos ajenos. Se concentran sólo en lo que pueden controlar y se olvidan del resto.

Tanto los atletas como sus entrenadores son profundamente conscientes de que el camino al éxito se encuentra enlosado por pequeños logros. Los ejecutivos exitosos son aquellos que planean su éxito a largo plazo mediante una línea de metas pequeñas en el corto.

Aprovechar la competencia, reinventarse a sí mismo y celebrar como un campeón.

En los deportes de pista y campo, es común que atletas de diferentes países entrenen juntos. Si un ejecutivo realmente desea llegar a la cumbre del éxito, necesitará “entrenarse” con la gente adecuada que lo ayudará a llegar ahí. Las empresas más perspicaces son aquellas que crean las situaciones y el ambiente necesario para que sus miembros estrella puedan estimularse unos a otros hasta alcanzar niveles laborales e intelectuales que nunca habrían alcanzado de haber trabajado con colegas menos brillantes.

Cuesta trabajo llegar a la cima, pero mantenerse en ella es aún más difícil. Para lograrlo, es indispensable tener un apetito insaciable por la retroalimentación y la crítica, incluso cuando ésta pueda ser atrozmente honesta. El hambre por un buen consejo encaminado al progreso resulta esencial. Tras recibirlo, el ejecutivo debe ser capaz de percibir mejorías concretas en su desempeño.

La celebración es más que una liberación emocional: implica un profundo nivel de análisis y de perfeccionamiento de la conciencia. Uno no debe sólo subrayar las cosas que ha hecho mal, sino también las que ha hecho particularmente bien o incluso mejor de lo esperado. Del mismo modo, detenerse en el éxito demasiado tiempo puede conducir a la autocomplacencia. La clave está celebrar y seguir adelante.

La voluntad de triunfar es lo que separa a los campeones de élite de los ganadores ordinarios. Es el coraje para regresar al ring y luchar hasta el final lo que marca la diferencia. Los atletas olímpicos lo hacen… y los ejecutivos olímpicos también.

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