Manage Your Energy, Not Your Time.

Síntesis del artículo de Tony Schwartz y Catherine McCarthy.
Harvard Business Review Onpoint, Invierno 2007.

La noticia de que sin una buena alimentación, suficiente ejercicio y adecuada horas tanto de sueño como de descanso, cualquier persona reduce sus niveles de energía, su habilidad para canalizar emociones, y que se tienen problemas para concentrarse, no es nueva. Pero, a pesar de esto, la mayoría de la gente no está consiente del grado en que sus hábitos afectan su calidad de vida y desempeño laboral. Para el humano, el tiempo es un recurso finito -bien dicen que hay más tiempo que vida- y precisamente por eso es que las nuevas estrategias para maximizar la productividad corporativa tratan de canalizar energía para evitar desperdiciar tiempo.

La mayoría de las organizaciones centran sus esfuerzos en desarrollar habilidades, generar conocimientos y en lograr que sus miembros se vuelvan más competentes. Pocas utilizan su tiempo para formar y dar sustento a la energía que sostiene todo esto, de hecho toman por supuesto que es responsabilidad de cada persona. Cuando se genera la capacidad de sentirse fresco y renovado para trabajar dentro de cualquier empresa, hacer más en menos tiempo se vuelve sencillo, con un grado mayor de compromiso y con menos errores. Al sentirse mucho más descansados de lo habitual, las personas somos capaces de motivarnos con mayor facilidad y de estar inclinados a ejercitarnos más seguido. Todo esto provoca que podamos trabajar durante largas horas y al mismo tiempo sentirnos renovados periódicamente. Al final de día, cuando se regresa a casa, se vuelve necesario y disfrutable conectarse con la familia para volver al ritual diario de la mañana siguiente.

Cuando se fomenta un ambiente laboral en donde lo cotidiano se rodea de una rutina de hábitos positivos, es sencillo encauzar energía de forma adecuada y concentrarse en las actividades priorizándolas. El primer paso para que los hábitos personales no se vuelvan un problema, es hacer conscientes a todos dentro de la empresa, sobre qué tan importantes son sus rituales diarios. Se trata de mostrar interés por que todos los miembros de la organización desarrollen, de una u otra forma, sus propios hábitos que a la vez mejoren el rendimiento de todos. Los consejos rutinarios de nutriólogos y expertos en la salud, tampoco están de sobra. Si bien no toda compañía tiene la capacidad de establecer para sus empleados horas de ejercicio y doctores que se cercioren de su alimentación, no por eso se vuelve menos importante hacer evidente la importancia de este tipo de conductas.

La gente trabaja mejor cuando se siente llena de energía positiva; pero sin patrones de descanso apropiados para generar esa sensación de estar renovados, el cuerpo es fisiológicamente incapaz de mantener sus niveles de motivación por mucho tiempo. Por el contrario, cuando el cuerpo humano se siente abrumado por energía negativa, el individuo se demuestra impaciente, ansioso e inseguro, se vuelve imposible para él pensar de forma clara y lógica, afectando por completo su desempeño. Las personas tendemos a sacarle jugo a la energía del espíritu humano cuando percibimos que todas las actividades relacionadas con nuestro día son consistentes con lo que valoramos y da propósito y sentido a nuestros días. Cuando el trabajo que hacemos en realidad nos importa, encontramos energía positiva que renueva nuestros días con mayor facilidad. Así uno puede concentrarse y demostrar perseverancia.

Desgraciadamente, es complicado que una empresa ponga atención en estos problemas. A mucha gente le cuesta trabajo creer que el sentido de las cosas pueda ser un recurso energético para el hombre. Sólo en la medida en que cada persona ha comprendido la importancia de los rituales diarios, se puede detonar la energía del espíritu humano. Para acceder a esta fuente de energía, es necesario establecer prioridades en la vida, ser introspectivo, hacer lo que mejor se sabe hacer, disfrutar el trabajo, canalizar tiempo y energía a cada una de nuestras actividades diarias, manifestar valores en todo ámbito y en todos los que nos rodean.

Las clases de civismo en México no han funcionado y los patrones de conducta adecuados para que cualquier ser humano sea mejor para sí mismo, ni siquiera se han anclado en nuestra memoria. Es por esto que cuando una empresa busca comprometerse consigo misma, debe preocuparse por este tipo de cosas y establecer rutinas que maximicen las capacidades de sus empleados. O, por lo menos, que no las descuiden. Establecer programas en los que se mida el grado de productividad del personal durante lapsos trimestrales y con respecto a los resultados obtenidos en años pasados, podría funcionar como una buena opción para medir en qué magnitud puede verse reflejado el interés de la compañía por los hábitos diarios de sus empleados. Investigaciones realzadas en los Estado Unidos han indicado que a las personas a las que se les demuestra interés personal por su desarrollo físico y mental, tienden a mejorar su desempeño en un veinte porciento por encima del resto. A las empresas le convendría enfocarse en las costumbres de sus integrantes, asegurándose de que no sea remotamente imposible que éstas ayuden a que su desempeño profesional sea excelente. Tal vez de esta manera, los empleados de cualquier organización se sentirían renovados y con mejores ánimos para trabajar; pero, desgraciadamente, este no ha sido el caso de la mayoría, o por lo menos no como debería de serlo.

Para generar dinero se necesita trabajo, y éste depende de la energía que se posea para entregar resultados. Los físicos definen a la energía como la capacidad que se tiene para trabajar. En el ser humano, ésta proviene del cuerpo, las emociones, la mente y el espíritu; y a través de conductas rituales se puede renovar y expandir. Las organizaciones necesitan dejar de ver cuánto pueden sacar de su personal y preocuparse más por cuánto pueden invertir en él, para que así ellos sean capaces de aportar más de sí mismos cada día. Todo termina por centrarse en motivación.

Cosas tan simples como reducir malos hábitos y aumentar las horas de sueño, son en el tipo de cambios significativos que generan productividad. Lo de hoy, son las empresas enfocadas en lo Humano. En un futuro no muy lejano, éstas tendrán mayor rentabilidad, comunicación real con sus consumidores, un mejor desempeño y facilitarán una calidad de vida superior. Si las organizaciones promovieran estos simples patrones de conducta, aumentarían su desempeño y sus ganancias, sin duda.

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